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Notalgia Habanera
Galería Lucía de la Puente (2009)
     
     
Nostalgia Habanera

Si la nostalgia (una suerte de recuerdo que va de la mano de la melancolía) no es un lugar que pueda visitarse, al menos estaría considerada como una ruma de imágenes y objetos que, si bien ya nos son frecuentes, pensamos que, de cierto modo distante, aun nos pertenecen. Aquí, Alice Wagner desequilibra ese lugar común y nos habla de una suerte de nostalgia por transferencia. Un sobrecogimiento por aquello que no se tiene, no se ha vivido (cuya intensidad, en estos casos, es casi siempre un atavismo) y forma inexorablemente parte de una experiencia ajena.

Se trata de portadas de discos de vinilo de diferentes géneros musicales, recogidas de familiares y amigos y reproducidas en su tamaño original con hilos de colores que le dan un modo gráfico con el que la artista viene en los últimos tiempos auscultando los confines de lo pictórico, sin separase totalmente de ellos. Pero hilos y memoria pueden acaso ser aquí una metáfora excesiva, aun cuando algunas hebras de esta propuesta parezcan atarse a un interés previo de la artista por la historia (o sus héroes) imaginando una suerte de estrategia para hacer mas íntimo y personal lo que usualmente se considera público, oficial y colectivo. En efecto, un recuerdo histórico es también una memoria prestada que afirma una pertenencia y se encarga de vincularnos a un territorio que llamamos nuestro, aun cuando posea una soberanía imaginaria.

Aquí, el nombre escogido para designar la muestra es el de una de las series de imágenes que Wagner nos presenta. No solo se trata del tema de una música que, a pesar de ser varias veces oída, puede parecer fuera de época, sino que esta evoca, desde lo que bien podría ser un penoso exilio, una ciudad que la artista no conoce y en donde uno podría pensar que, en las últimas décadas, se ha apagado allí un espíritu generacional que no solo parece hoy nostálgico, sino en visible declinación. Así, la veta de lo tropical o de la canción sudamericana se nos antoja como una fiesta vencida a la cual en su momento no fuimos invitados. Pero además las bizarras y nada bailables pistas que compilan pomposas marchas, himnos y canciones militares, parecen el eco manido de lo marcial con más pena que gloria, tejiendo por lo mismo una irónica resonancia con la serie titulada 28 de Julio, en la cual el aniversario patrio se vuelve la colección de discos del ídolo de la balada romántica de otrora.

La actualidad en la que la artista hurga es también parte de esa herencia construida de memorias ajenas, amplia o no tan ampliamente difundidas. Como se lee en una de las portadas expuestas: así surgen los recuerdos, también. Vistas como mensajes re-situados, los discursos nos hablan (lejos ya de sus melodías y revoluciones, por minuto) de un pasado siempre leído y reconstituido desde un presente que gira sin dar vueltas sobre un solo eje.

Emilio Tarazona
Febrero, 2009

 
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