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Comunidades Imaginadas
Galería Lucía de la Puente (2011)
     
     
Comunidades Imaginadas

A diferencia de la relación sugerida por la antigua dicotomía entre soma y psique, el alma de una nación (inflamada a veces bajo determinadas circunstancias) no está nunca dentro de ella, sino fuera: normando, definiendo y fijando los límites del cuerpo social. No obstante, en este proceso de recubrimiento —asesorado muchas veces por una lectura de la historia, tan tendenciosa como cualquiera— una serie de afectos se inoculan para crear la ilusión de que el movimiento es interior y nace del pueblo, del mismo modo a como cierta aura metafísica parece dar vida a la mercancía a fin de dejarla lista para su exhibición en la vitrina (imaginamos aquí el país en los escaparates de un duty free, sin mucho esfuerzo) y logrando su desconexión con el proceso de producción que la origina.

Tomando como título el libro homónimo de Benedict Anderson, Alice Wagner nos propone aquí una reunión de imágenes icónicas, tomadas en su mayoría de portadas de discos de vinilo o postales. El nacionalismo es una espada de doble filo: aquí, personas, personajes o paisajes naturales y centros arqueológicos (en el Perú, estos últimos hacen ya una evocación de estos nuevos paisajes gastronómicos que parecen imponerse sobre la geografía); podrían verse en medio de retóricas distintas: aquellas que en el discurso de-colonial enfatizan la importancia del lugar de encunciación desde el cual se emite el discurso y, a contramano, aquellas teorías post-identitarias, que han venido en las últimas décadas a enfatizar la conscripción siempre asignada de lo nacional, lo racial, lo cultural, o lo sexual; poniendo al descubierto sus normas y desmantelando también sus tecnologías de consolidación.

La falla ideológica de los discursos identiario-nacionales no obstante tiene múltiples efectos políticos. Sobre esas ideas se imponen los imperios, pero se plantean también las acciones de defensa y los movimientos de resistencia. Aquella imagen que Wagner recoge de un libro de ornitología, donde un comentario al margen mide la inteligencia de las aves por su capacidad (al menos fonética) de imitar el habla humana. Una absurda estratificación de cualidades que acaso parece marcar de modo medular el lugar que ocupa el habla y la voz en los discursos sobre la subalternidad sostenidos en algún momento por Gayatri Spivak.

El problema de la globalización es haber supuesto que lo internacional es básicamente una meta económica (y acaso sesgadamente cultural, en la medida de que la cultura estasupreditada a la economía): por ello la liquefacción comentada por Zygmunt Bauman implica la expansión del flujo del libre comercio por todos los rincones del planeta (y por todos los medios). Un sistema cuyo acenso durante el auge del neoliberalismo y la especulación financiera también parece anunciar las precipitaciones. Caídas acaso aludidas por esos descomunales flujos descendentes de agua acompañadas por una portada de disco que consigna una canción ranchera de Miguel Aceves Mejía (en la que, paródicamente, el cantante se lamenta del declinar de su voz, en la que lo que fue chorro ya solo queda un chisguete).

Acaso podemos también trazar nuevas ideas de lo que debe ser un movimiento global y transnacional (lejos de los cánones corporativos de la globalización), sin una agenda localista disociada. Hoy más que nunca necesitamos de movimientos planetarios. Una otra globalización: aquella de la solidaridad, de la justicia y de la multilateral responsabilidad social y ecológica, que ponga finalmente la vida humana de los más por encima de las ganancias de los menos. Acaso las comunidades no han sido aun suficientemente imaginadas, sino solo impuestas (o asignadas). La imaginación es necesaria para conocer lo real (Didi-Huberman dixit), y para extender lo real ha un territorio más amplio en el espacio de lo posible. Un posible que siempre lo circunda, lo interpela y lo desborda.

Emilio Tarazona
Octubre 2011

 
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